La mismísima esencia de la aventura es la incertidumbre. Si alguna vez me caso, intentare, desde luego, olvidarlo.
A la sazón, el verano y el humo habían pasado. Los delfines aún jugaban, arqueando el horizonte, pero sólo para levantar recuerdos de puertas espirituales.
¿Es posible que a pesar de las invenciones y progresos, a pesar de la cultura, la religión y el conocimiento del universo, se haya permanecido en la superficie que, después de todo, aún habrá sido algo; que se le haya recubierto de un tejido increíblemente aburrido, que le hace parecerse a muebles de salón en vacaciones de verano?
¡Las flores silvestres del verano! En saga las bellas mujeres de muchas tumbas.
Y pensar que pudimos enlazar nuestras manos y apurar en un beso la comunión de fértiles veranos...
¿Es posible que a pesar de las invenciones y progresos, a pesar de la cultura, la religión y el conocimiento del universo, se haya permanecido en la superficie que, después de todo, aún habrá sido algo; que se le haya recubierto de un tejido increíblemente aburrido, que le hace parecerse a muebles de salón en vacaciones de verano?
Ya no llores, Verano! En aquel surco muere una rosa que renace mucho...
Y pensar que pudimos enlazar nuestras manos y apurar en un beso la comunión de fértiles veranos...
Pide que el camino sea largo. Que sean muchas las mañanas de verano en que llegues, ¡con qué placer y alegría!, a puertos antes nunca vistos.
Ya no llores, Verano! En aquel surco muere una rosa que renace mucho...
¿A un día de verano compararte? Más hermosura y suavidad posees.
Pide que el camino sea largo. Que sean muchas las mañanas de verano en que llegues, ¡con qué placer y alegría!, a puertos antes nunca vistos.
En la tierra jamás la poesía cesa: cuando, en la solitaria tarde invernal, el hielo ha labrado el silencio, en el hogar ya vibra el cántico del grillo, que aumenta sus ardores, y parece, al sumido en somnolencia dulce, la voz de la cigarra, entre colinas verdes.
¿A un día de verano compararte? Más hermosura y suavidad posees.
Las montañas y el jardín se van adentrando hasta mi habitación en verano.
El aguacero de verano tamborea en la cabeza de las carpas.
Con las lluvias del verano. El agua estancada y el río se juntan.
Las montañas y el jardín se van adentrando hasta mi habitación en verano.
Una golondrina no hace verano.
Con las lluvias del verano. El agua estancada y el río se juntan.
Una golondrina no hace verano.
Al borde de la muerte más sonora que antes las cigarras en otoño.
Tienes el corazón poblado de cigarras, y un parecido a muertas vihuelas desveladas, gran melancólica.
Al borde de la muerte más sonora que antes las cigarras en otoño.
Cuando para de cantar y vuela al fin vemos a la cigarra.
En la tierra jamás la poesía cesa: cuando, en la solitaria tarde invernal, el hielo ha labrado el silencio, en el hogar ya vibra el cántico del grillo, que aumenta sus ardores, y parece, al sumido en somnolencia dulce, la voz de la cigarra, entre colinas verdes.