Cuando aprenden que hay placer en la fuerza de motivar a otros, no en la falsa fuerza de humillar.
Cuando aprenden que el elogio de otros es halagador pero sin sentido si no se conjuga con el respeto a si mismo.
Cuando aprenden que el valor de una vida se mide mejor no por los años dedicados a acumular posesiones sino por los momentos dedicados a dar de sí mismo, compartiendo sabiduría, inspirando esperanza, secando lágrimas y conmoviendo corazones.
Cuando aprenden que la belleza de una persona
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Cuando aprenden a abstenerse de juzgar, sabiendo que todas las personas están dotadas de cualidades y defectos, y que la aparición de unas u otros depende de la ayuda ofrecida o el daño infligido por otros.
Cuando aprenden que a todas las personas se les ha dado el don de tener un yo único, y que el propósito de la vida es compartir lo mejor de ese don con el mundo.
Cuando los niños aprenden estos ideales y cómo practicarlos en el
arte del buen vivir, ya no son niños... son una bendición para quienes
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