Le preguntamos al Carlos que cómo era eso de volar. Nos dijo que mejor probáramos, que no se podía explicar. Era un día lunes, a la salida del colegio. A la tarde le pedí permiso a mi mamá para ir donde el Chejo, con la excusa de estudiar, pero no me dio permiso. Vos vas a jugar nintendo, no a estudiar, me dijo, como si no te conociera. El viernes, podés ir si querés, pero antes tenés que hacer las tareas. Cuando les conté al Chejo y al Carlos, quedamos en que el viernes era buen día y que nos juntábamos ... (ver texto completo)
Toda esa semana fue eterna. ¿Cómo sería eso de volar? Yo lo imaginaba muchas maneras. También pensé que a saber con qué cosa nos saldría el Carlos. Como cuando en los anuncios te pintan la gran hamburguesa y vas y la pedís y es una cosa pequeña y descolorida apenas. En los recreos nos juntábamos a comer la refacción, pero no le logramos sacar más al Carlos. Tienen que probarlo, contestaba siempre. Así nos tuvo toda la semana.