El conocimiento nos hace responsables.

- El valor es hijo de la prudencia, no de la temeridad.
De nada sirve al hombre lamentarse de los tiempos en que vive, lo único bueno que puede hacer es intentar mejorarlos.

- Es un error esencial considerar la violencia como una fuerza.
Hablar es el arte de sofocar e interrumpir el pensamiento.

- Para disipar una duda, cualquiera que fuera, se necesita una acción.
Debo, puedo, luego quiero.

- Los bribones y los necios son plantas de cualquier terreno.
La talla de las estatuas disminuye alejándose de ellas; la de los hombres, aproximándose.

- La primera tarea de la educación es agitar la vida, pero dejarla libre para que se desarrolle.
Estoy mas desconcertado que Adán el día de la madre

- No solía acabar nada, pero ahora...
La fuerza es la Ley de la Bestia

- Solo los genios somos modestos.
Que tan largo puede ser un minuto dependerá de en que lado de la puerta del baño estas

- Siento pasos, siento gente, siento quince y siento veinte
El silencio es la virtud de los locos

- En materia de gobierno todo cambio es sospechoso, aunque sea para mejorar.
No existe la casualidad, y lo que se nos presenta como azar surge de las fuentes más profundas.

- La historia es un incesante volver a empezar.
Mira, te han preparado
el diván más mullido,
magnolias y jazmines lo rodean,
los pebeteros calman con su aroma
el llanto más amargo.

Duerme ahora, descansa,
y olvida la traición que en tu costado anida.

Yo cantaré a la luna esas canciones
que una vez aprendimos de un poeta
ebrio y errante, solitario y pobre.
Tal vez ella lo llame
y él conozca el consuelo para ti.

Me refugio en el sueño más amable,
preludio del Encuentro,
dí adiós a los amigos,
que algún día cercano
entonen mis canciones
y pueda revivir, cuando sus copas
se alcen hacia el Cielo. Rensoli, Lourdes ... (ver texto completo)
Habías nacido libre y venturosa,
llena de magia y fuerza,
tu canto atravesaba los ríos y desiertos
y encendía la noche con luciérnagas,
pero todo el saber y la ventura
se doblegan humildes
ante esa inmensidad que nos deslumbra
casi hasta aniquilarnos.
Puedo llenar de plumas
la sala abandonada
por cuantos acudían diariamente
a beber tu belleza de una copa,
a aspirar tu virtud en un arpegio.
Lo pondré todo, amigo,
en las manos de Dios, el gran poeta
que escribe con las risas y las lágrimas
de todo el universo,
porque aguardar la curación es vana ... (ver texto completo)
Puedo curarte con la bella música
que Dios mismo ha compuesto,
anotada en el libro de los árboles,
los rosales y prados, en las marmóreas fuentes
que ofrecen el descanso al peregrino
cuando cumple su viaje.
Nada puedes hacer, amigo fiel,
para evitar el golpe
traidor y ponzoñoso del destino,
sin saberlo, nací para este instante.
Alguna antigua culpa de mis padres
debo pagar con el dolor que agota
sin brindar el descanso de la muerte.