Las largas horas del
invierno
Las largas horas del invierno estaban muy lejos de ser aquellas horas en las que hay que matar el tiempo de la forma que sea. No, no eran aburridas ni nada que se le parezca; yo diría más bien que eran horas de diversión, de entretenimiento y horas de aguzar el ingenio.
En aquellos atardeceres fríos, invernales, de la provincia de
Burgos, mi
amigo Silvino y yo habíamos observado que los gorriones aprovechaban los agujeros de las paredes de cualquier
casa para protegerse
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