Salté a
Francia, ¡buen país!,
y como en Nápoles vos,
puse un
cartel en París
diciendo: Aquí hay un don Luis
que vale lo menos dos.
Pasará aquí algunos meses,
y no trae más intereses
ni se aviene a más empresas,
que adorar a las francesas,
y a reñir con los franceses.