Dormitaré en la noche profunda de tu beso,
tras haber traspasado los últimos confines,
agotadas las horas, quebrados del exceso,
ahítos del aroma de todos los jardines...

Cayó así entre mis brazos tu piel, tu paz, tu peso,
y cogimos estrellas creando balancines:
en el fuego quemamos hasta el último hueso
como una llamarada de voz y de violines.
... (ver texto completo)
Dame una noche sobre el mar rizado,
titilando en la sombra los reflejos
de polícromas luces a lo lejos,
sólo el rumor del agua y tú a mi lado.

La barca dormirá, sueltos los remos,
en el vaivén sereno de las olas,
y en total desnudez ambos, a solas,
aún logrando soñar, no dormiremos.
... (ver texto completo)
Tiéndete junto a mí sobre la arena,
y deja al mar acariciar tus pies;
vendrá el aire, agitando su melena,
sobre la acacia, el olmo y el ciprés;

para vernos, saldrá la luna llena,
te besará primero, y yo después…
Arrópate en mi abrazo tierno, afable,
para dormir un sueño interminable.
Te miraré en silencio, que el lenguaje
adultera la idea y el afecto;
no hay término apropiado, ni perfecto,
que imprima exactitud a mi mensaje,
por eso mi alma te hablará en directo.
Vuelvo los ojos al ayer dormido,
en sueños de nostalgias añorado;
escudriño el futuro, suspendido
en jirones de niebla, anticipado;
miro en torno de mí, tal vez perdido
entre lo que ya fue, y lo no llegado.
¿Qué importa dónde estuve, a dónde voy?
El mejor día de la vida es hoy.
ESPONJA

Llama el agua a la esponja y se le entrega,
penetrando sus poros absorbentes;
claman mis miembros por estar presentes
sobre tu piel que espera y no se niega.

A qué engranaje magistral se llega
de entrantes acoplados a salientes,
agua y esponja vivas, en dos frentes ... (ver texto completo)
Difícil es el arte del soneto:
poner en once sílabas medida
—a efectos de la rima sometida—
y rematar en clásico cuarteto.

Al último cuarteto lo acometo
con paso firme y pronta arremetida,
y la ilusión intacta y encendida
de transitar hacia el primer terceto.
Se dice que en la sexta está el acento, ... (ver texto completo)
Y por seguir la huella
de mis pasadas huellas,
y recorrer caminos
aún no recorridos,
se me olvidó el momento
de la certeza plena
de conocer mis rieles:
aquellos que transito.

¡Pero ya no más vanos dilemas!... ... (ver texto completo)
Yo sé que en cada instante
tan sólo hay un instante;
y sé que en cada espacio
habita un solo espacio;
y hay un solo silencio
que calla en el silencio.

No me hablen de pasiones
ahogadas en el viento,
ni de caminos hechos ... (ver texto completo)
Yo sé que fue a la vuelta de una esquina,
donde errante mi alma peregrina,
ya presa de la mano del destino,
urgando sombras me empujó al camino.

Simiente de la vida fue mi canto,
que se ciñó al tamiz de un mudo llanto,
y fuente de dolor fueron mis versos,
que se trocaron en paisajes tersos.
Así prendí mi errar de mil matices, ... (ver texto completo)
Dos canciones a mi tierra

I (A la tierra que me vio nacer)

Cuantos días aprendidos
en el cauce de tus días;
cuántas noches aferradas
al silencio de tus noches;
cuántos soles transitados
a la sombra de tus soles, ... (ver texto completo)
Trilogía del amor

I (De la felicidad)

Nunca supe de obtener
todo aquello que anhelara;
tan sólo bastó anhelar
todo aquello que obtuviera.

Nunca supe que me amara ... (ver texto completo)
Pero yo te adivinaba,
infinitamente pura,
desde el fondo de tus venas
donde nadie te escuchara;
donde nadie te sintiera
—inmutablemente bella—
porque estabas más allá
de la sangre y las pasiones;
de la gloria y el abrazo;
de la dicha y el fracaso;
del amor y el desengaño
y el dolor y la premura
y el valor y la razón
y el asombro necesarios
para ver el mundo;
para verlo todo
con los ojos desatados;
con la exacta posición
de la medida exacta;
más allá de la vida;
más allá de la muerte ... (ver texto completo)
Pero yo te presentía,
venerable, incontenida,
desde tu incalculada infancia
donde nadie te nombrara
porque estabas más allá
de la vida y la palabra.

Pero yo te adivinaba,
intangiblemente eterna,
desde el velo inescrutable
de tu magia venturosa
donde nadie te cantara;
donde nadie te implorara
porque estabas más allá
del olvido y el silencio;
de la tierra y el espacio;
de la flor y la semilla;
de los ojos y las manos
y los labios y los brazos necesarios
para ver la vida;
para ver la muerte;
para ver la verdadera
dimensión del tiempo. ... (ver texto completo)
¿Y qué decir de ti, señora mía,
si no hay tiempo ni frontera,
ni leyenda ni escritura,
ni riqueza ni pobreza
que te pueda contener
en la exacta dimensión de tu misterio?
¿Y qué decir de ti, amada mía,
si no hay tierra ni volcán,
ni continente ni mar,
ni torrente ni aluvión ... (ver texto completo)