Pero por sobre todas las cosas, pequeño amigo mío, quiero pedirte algo muy especial. No me digas que no. No le digas que no a la niñita que visitaba tu pesebre en Santa Ana, a la que dejaba terrones de azúcar debajo del pasto amarillento para que comieran los camellos de los tres Reyes Magos
No le digas que no a la niñita que suplicaba que le devolvieras a su mamá y corría desaforadamente cada vez que tocaban el timbre de la puerta de calle... porque creía que era ella, la ausente, la que llamaba para estrecharla otra vez contra su pecho... Porque es un poco ella la que te pide, y un poco yo. Somos las dos que te rogamos que borres para siempre, para siempre siempre, la palabra 'soledad ' en nuestra vida".
Amén...
Amén...