LEON,
México.- Horas antes de que llegara el papa Benedicto XVI, había poco entusiasmo perceptible en León.
Los grupos congregados en las
calles eran reducidos. Algunos espectadores dormían a la
sombra de los
árboles. Los vendedores se quejaban de la poca gente que había llegado a las calles de este bastión conservador del catolicismo en México.
Pero en cuanto el avión que transportaba al pontífice se avistó el viernes por la tarde, la gente salió de sus
casas, en medio del calor
primaveral.
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