Cuando las últimas nieves del invierno se habían derretido y los grandes barrizales de los caminos habían dejado de ser auténticos atolladeros, era una verdadera liberación poder dirigirse a los campos o subir al páramo y contemplar el horizonte por los cuatro puntos cardinales a la misma altura de la cabeza.
La inmensa bóveda del cielo en modo alguno causaba la impresión de sobrecogimiento, sino más bien de libertad y de impulso a recorrer con la imaginación hasta donde la vista llegaba a dominar. ... (ver texto completo)
La inmensa bóveda del cielo en modo alguno causaba la impresión de sobrecogimiento, sino más bien de libertad y de impulso a recorrer con la imaginación hasta donde la vista llegaba a dominar. ... (ver texto completo)