La PEÑA de su nombre La inmensa mole, AMAYA

PEÑA AMAYA
Esta enorme Atalaya de 1377 metros de altitud, elevada 400 metros sobre los campos de cereal de la meseta castellana, ha sido habitada desde la prehistoria. La presencia humana comenzó a destacar a finales de la edad de Bronce (siglo X a. C.) para convertirse durante plena edad del Hierro en uno de los principales castros del territorio cántabro.
Apoyada en la toponimia y en ese aire místico y legendario, muchos creen que si fue la la antigua capital de los cántabros.
Fue conquistada por los romanos en el transcurso de las guerras cántabras 29 al 19 a. C.
El rey visigodo Leovigildo asaltó sus murallas en el año 574.
Se convirtió en refugio de familias huidas del sur y en frontera de la Reconquista cristiana.
Pero en el 734 el caudillo Tarik la arrasó.
En el 860 el conde castellano Rodrigo la repobló bajo el dominio castellano.
En el 989 Hisham II puso cerco y arrasó la población en lo que fue su última batalla.
A partir del siglo XII la ciudad se despobló.
Parece ser que Amaya se trasladó a la llanura en torno al siglo XII.
Amaya fue también camino de peregrinación cuando Sancho Garcés III de Pamplona trazó en 1034 una ruta del camino de Santiago por Amaya.
Peña Amaya es Geografía solamente donde antes hubo ciudades y naciones, batallas y legiones, reyes y emperadores.
El mundo se acabó muchas veces a los pies de Peña Amaya.