Y han de venir serenos en la postrera hora
cuando la carne del espíritu se evade,
ante aquellos despojos donde el alma no ora
¡a hablar de eternidades!.
¡La eternidad! Extraña y tremenda amenaza
al amante que gime destrozado en su duelo;
lanzarle aquella frase que enloquece y abrasa:
¡la eternidad, el cielo!
cuando la carne del espíritu se evade,
ante aquellos despojos donde el alma no ora
¡a hablar de eternidades!.
¡La eternidad! Extraña y tremenda amenaza
al amante que gime destrozado en su duelo;
lanzarle aquella frase que enloquece y abrasa:
¡la eternidad, el cielo!
¡El cielo aún! detrás de aquel hoyo profundo
¿se abriría al objeto de mi pasión celosa?
No quiero, entre ella y yo, los abismos de un mundo,
basta con una fosa.
Se me replica en vano para calmar mi llanto
el ser del cual la muerte sin piedad te separa.
¿Qué dirías si el cielo que tú maldices tanto,
por fin, te lo entregara?.
... (ver texto completo)
¿se abriría al objeto de mi pasión celosa?
No quiero, entre ella y yo, los abismos de un mundo,
basta con una fosa.
Se me replica en vano para calmar mi llanto
el ser del cual la muerte sin piedad te separa.
¿Qué dirías si el cielo que tú maldices tanto,
por fin, te lo entregara?.
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