24. Las comparaciones
Si entre sus frases más comunes están ¿con mi ex hacía esto o aquello ¿, ¿él era divino ¿o ¿él siempre me regalaba... ¿, su relación no tiene futuro. Si los añora tanto, ¿por qué no está con ellos? Como reza la balada de plancha ¿ya lo pasado, pasado ¿, entonces no arriesgue el futuro. Y si cree que el sujeto en mención debe ser como su papá, busque urgente ayuda psicológica.
23. Que lo cojan de esclavo
Mujeres, sus novios o maridos no son sus mensajeros, tramitadores, plomeros, electricistas, choferes y, además, buenos amantes. Eso de recógeme, llévame, déjame, pasemos por..., préstame y arréglame, no va. No se las dé de ama de Kunta Kinte.
22. Las escrupulosas y las sucias
En esta categoría entran las mojigatas y las que se pasan. Niñas, eso de apagar la luz, de poner cara de asco y de dárselas de sanas después de cierta edad no les luce. Pero ojo, cuando la mujer resulta más sucia que el hombre, también corre el riesgo de asustarlo. Eso sí, no se repriman y muestren sus armas poco a poco.
21. El chantaje
Nada más bajo que jugar con esto. Algunas se proponen hacerlos sufrir y les provocan celos con personajes imaginarios, se mandan flores ellas mismas a nombre de otro, lloriquean para conseguir su afecto, se hacen las víctimas y en un momento de rabia deciden no ¿dárselo ¿, como si solo él se privara de placer.
20. Las autosuficientes
Es verdad, las mujeres pueden hacerlo todo y hasta mejor que un hombre. Pero esa miradita, esa actitud de sabelotodo, de que no necesita a nadie y esa pose algo masculina no solo espanta sino que enerva. Está bien, son exitosas, pero dejen de repetirlo y recalcarle que ganan más, y que, en últimas, solo necesitan su semen para un hijo. ¿A quién llaman cuando van al mecánico y les han cambiado hasta el timón por una cifra astronómica?
19 La actitud antihogar
Si quiere perder a su novio en mínimo dos días, dígale que le importa cinco la casa, aprender a cocinar, tener hijos y quedarse de vez en cuando en la casa. Nadie quiere sirvientas a la usanza antigua, pero esas liberadas que a duras penas abren la nevera y meten los tenis a la lavadora corren el riesgo de no disfrutar las mieles del hogar.
18. Disertaciones sobre el amor
Mujeres, olviden que los hombres quieren discutir sobre el amor, la relación de pareja y los conflictos por tres, cuatro, cinco horas o todo un sábado. Recuerden que el género masculino, aunque ama, es más práctico y no se pone metas cara a cara, reflexiona y jura amor eterno. Ese abrazo al final de una discusión bizantina no es de satisfacción, es puro teatro, jurado.
17. El odio al fútbol
Si no le gusta, deje que su hombre lo disfrute. Algo que de verdad espanta es la mujer que se pone furiosa si el domingo en la tarde es para el fútbol, el estadio, los amigos y unas cervezas, y no para ella. Fresca, búsquese una amiga, visite a su mamá o váyase a ver cine arte.
16. Ni tanto que queme al santo...
Ni mucho que no lo alumbre. Si en el amor se busca inteligencia, nada más mamón que una vieja intelectual que analiza hasta un polvo. Pero también despacha la que solo lee revistas de farándula, no sabe qué se celebra el 7 de agosto y solo quiere ser como Julia Roberts en una vida de comedia.
15. Las criticona
Algunas se las pican de decoradoras y dos semanas después de conocer al tipo quieren cambiarle el apartamento, les parece frondia la casa de los suegros y esperan que pongan tapete en todas las puertas. Sueñan con botarle el afiche del Boca, que nunca deje platos sucios y que la ropa sea solo de marca.
14. Las ¿mamis ¿vanidosas
Estas son el otro extremo: están bien maquilladas a las 3 a. m., después de la rumba, huelen a labial, van al gimnasio tres horas diarias y salen perfectas, la pestañina nunca se les corre, usan delineador de labios bastante contrastado y al parpadear tienen escarcha en la sombra. Casi siempre han estado en el quirófano para algún implante, son bonitas, juran que Nicole Kidman se pondría su ropa y su perfume algo fuerte delata su cercanía.
13 Las antiestéticas
Aquí solo unas perlas bastante despedidoras: la pulsera de oro en el tobillo debajo de la media velada, el anillo en un dedo del pie, las peludas con síndrome de Neandertal: no saben qué es la cera y la cuchilla para el bigote, las piernas, la axila y el bikini; las uñas decoradas con bisutería, el pelo con raíz y el tinte quemado en las puntas y el zapato blanco con jean stretch. Ojo, muchos alegan que el mal olor es más común de lo que se piensa.
12. Celos, malditos celos
Es verdad que la cultura machista las hace inseguras, pero cuando la sombra tiene curvas y sospechan hasta de la señora de los tintos, la cosa se pone grave. Más bien, no se busque cachos porque no hay teoría más cierta de que entre más celosas, más engañadas
11. Tres son mucha compañía
No falta la vieja que cada que sale lleva a una hermana, a la prima o a la amiga ¿más chévere ¿. Si algo saca de quicio es que carguen con cola para todo lado. Para completar, estas agradables compañías no tienen un peso y adivinen quién es el marrano que paga...
10. La mujer antiamigos
Esta tiene dos características: acompaña siempre al novio pero nunca se integra, es como un mueble y no musita palabra, ni siquiera toma y pone cara de puño; o se vuelve tan amable y tan querida que cada que habla la embarra con comentarios salidos de tono o que ponen en entredicho su inteligencia.