La tranquilidad comenzó a desvanecerse cuando de la nada empezaron a aparecer pequeños duendes con sus respectivos siervos. Aunque los siervos son más grandes y tienen más edad que los duendes, estos últimos los hechizan y manejan a su antojo con sus ojillos brillantes y su sonrisa. Hacen que vayan siempre a su lado por si necesitan algo: que les vistan, les den de comer, les compren cosas. Cuando más poder tienen es cuando más pequeños son, porque a medida que van creciendo los duendes, los siervos van despertando del hechizo. En Navidad la plaza mayor se llena de estos duendecillos que dicen a los siervos: “Quiero patatas”, “Quiero una careta de Blancanieves”, “Estoy cansado”, “Tengo frío”….