ESTO NO ES UN SUEñO
Encuentras la vela, la coges y cierras el cajón. ¿Cerillas? Tienes un mechero en el bolso. A tientas llegas al salón, buscas el bolso y enciendes la vela ... Y se hizo la luz.
Bueno, sólo un poco de luz ¡a ver si regresa Miguel con la linterna! Estás sola en la casa que habéis alquilado para pasar el fin de semana. Solos. ¡por fin! El apagón le dará un poco de romanticismo al fin de semana. Te gusta. Disfrutas del silencio, fuera corre el viento y las ramas de los árboles vienen y va.
No tienes miedo, o al menos eso le has dicho a Miguel para que no se preocupe. Pero es verdad ..., claro que es verdad. Si, porque la puerta está cerrada y no entrará nadie. ¿y si llega un ladrón? No, ya lo has pensado, y cuando piensas las cosas ya no ocurren.
Oyes un ruido, como un portazo y pasos. Te levantas del sofá con la vela en la mano.
- Miguel ... He encontrado una vela.
Esperas en silencio su respuesta.
- Miguel ... ¿me has oido?
Andas hacia el pasillo, alumbras la puerta de la entrada. Está cerrada. Serán imaginaciones tuyas, como cuando de noche vas sola por la calle y todos los tíos te parecen violadores. Tu y tus paranoias. Al volver al salón pasas por delante del espejo y de refilón crees ver un reflejo blanco detrás de ti. Te giras, vuelves a mirar al espejo y no hay nada. Se apagó la vela.
Encuentras la vela, la coges y cierras el cajón. ¿Cerillas? Tienes un mechero en el bolso. A tientas llegas al salón, buscas el bolso y enciendes la vela ... Y se hizo la luz.
Bueno, sólo un poco de luz ¡a ver si regresa Miguel con la linterna! Estás sola en la casa que habéis alquilado para pasar el fin de semana. Solos. ¡por fin! El apagón le dará un poco de romanticismo al fin de semana. Te gusta. Disfrutas del silencio, fuera corre el viento y las ramas de los árboles vienen y va.
No tienes miedo, o al menos eso le has dicho a Miguel para que no se preocupe. Pero es verdad ..., claro que es verdad. Si, porque la puerta está cerrada y no entrará nadie. ¿y si llega un ladrón? No, ya lo has pensado, y cuando piensas las cosas ya no ocurren.
Oyes un ruido, como un portazo y pasos. Te levantas del sofá con la vela en la mano.
- Miguel ... He encontrado una vela.
Esperas en silencio su respuesta.
- Miguel ... ¿me has oido?
Andas hacia el pasillo, alumbras la puerta de la entrada. Está cerrada. Serán imaginaciones tuyas, como cuando de noche vas sola por la calle y todos los tíos te parecen violadores. Tu y tus paranoias. Al volver al salón pasas por delante del espejo y de refilón crees ver un reflejo blanco detrás de ti. Te giras, vuelves a mirar al espejo y no hay nada. Se apagó la vela.