A mi no me interesa en absoluto el nacimiento de esa niña, y me resulta tan incongruente que algunos cortesanos se dirigan a ella con el tratamiento de doña, ay que risa Dios mío, qué risa y qué pena. Millones de niños muriéndose de hambre y una enana de apenas unos días llamándola de usted y de doña, ya digo una risa tremenda porque sino era para llorar y llorar.