Bien, esto da resultado, sigo:
Desde el metro se percibia el ambiente: empujones, olor a sudorcillo mezclado con la peste a gofres de la
estación de Sol, la sensación de que sin abrigo podías haber salido de
casa porque la multitud te ofrece su calor humano, etc., pero en el corazón la ilusión de ver todas esas lucecillas, las figuritas de los belenes, los
árboles solitarios que esperan a ser comprados para adornar un hogar. Como dos mocosas más, entre el gentio llegamos al lugar mítico en los
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