Como terminamos las pepsis y las patatas y los duendecillos de alrededor empezaron a agobiarnos, salimos de aquel lugar. íbamos a irnos ya porque teníamos cosas que hacer en
casa, pero algo pasó por mi cabeza que no puede dejar escapar. Tenía que volver a aquel puesto y conseguir llevarme a casa lo que me había robado el corazón. Así que como la Pantoja cuando fue a
Chile a por Chabelita, rauda y veloz busqué el puesto donde estaba y después de convencer al tendero conseguí que se viniera conmigo
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