La
historia de
Urda combina raíces carpetanas, dominación de las órdenes
militares y una profunda
tradición religiosa ligada al Santísimo
Cristo de la Vera-
Cruz.
El 1567, Urda logró independizarse de
Consuegra y se constituyó oficialmente como villa.
En el siglo XVI (en 1596), el imaginero Luis de Villoldo talló la imagen del Santísimo Cristo de la Vera-Cruz (conocido como el Cristo de la Mancha) por encargo, consolidando al
pueblo como uno de los grandes centros de peregrinación de la región. La imagen procesiona de forma singular en una carroza con forma de
barca cada 29 de septiembre, atrayendo a miles de fieles.
El entorno natural de Urda constituye uno de sus secretos mejor guardados, plenamente integrado en el sector oriental de los
Montes de
Toledo. Su
paisaje destaca por el contraste entre los llanos de cultivos manchegos y las alineaciones montañosas de relieve apalachense.
A las faldas del pico Morrón Grande, en plena
Sierra de la Calderina y dentro del término de Urda, nace el
río Amarguillo. El
monte está tapizado por jarales, tomillares, romero, cantueso y madroños, que llenan el aire de aromas característicos durante la
primavera.