Algo, pero que algo. Si a los dueños no les importa que se caigan al suelo, con el poco coste que supone encalar sus tapias una vez al año. La verdad es que es una pena y la culpa es nuestra. Aún falta cierto grado de sensibilidad para valorar lo que es nuestro, y ya digo, el coste de su conservacion es infimo y solo hay que tener voluntad.