Por lo menos, en esa leyenda verdadera de San Antón se especificaría la forma en que el jabalí endemoniado "perturbaba la paz del convento": esto es, acudía el so gorrón ante sus puertas todos los días a que le dieran bien de comer (hasta que San Antón, como dices, le hizo el debido exorcismo y lo hizo su mascota, es decir, lo encerró para siempre en el corral a pan y agua). He ahí el origen de la costumbre del "guarrillo de San Antón" (o tampoco eso es verdad, porque, vamos, esto ya rayaría en el ateísmo...).