Para empezar, te diré que todavía se está a la espera de que alguien se queje del sabor de las rosquillas, las cuales resultaron, simple y llanamente, un éxito, sobre todo si consideramos que prácticamente se acabaron el domingo por la mañana a pesar de su ingente cantidad inicial. Y si a alguien no le gustaron, lo cual es del todo aceptable, desde luego que tal persona se calló, frente a los mil elogios que abiertamente sí se declararon por parte de propios (o sea, la gente del pueblo, tanto "elaboradores" como "catadores") y extraños (y hablo de estrellanos, puenteños, villarejos...).