Nosotros, si mal no recuerdo, no somos sino la misma generación de siempre (con los inevitables altibajos y las ineludibles fluctuaciones), de la que se ha marchado, para no volver, gente a la que para nada se echa de menos, y en la que, en consecuencia, han ido quedando los que verdaderamente merecían la pena y los que de verdad, por su continua asistencia, aman este pueblo nuestro. Hmmm... ¡Y sí! ¡Qué demonios! ¡Somos una élite (las élites suelen constar de cuatro miembros contados...)!