Por cierto, se crea o no, ésta es la primera ocasión en que me burlo de una falta de ortografía: yo sólo he apelado a la correcta gramática cuando las carencias expresivas, en casos muy puntuales, eran tan alarmantes como para impedir la adecuada comprensión de los mensajes y ello traía problemas interpretativos, y sobre todo, cuando algún listillo ha intentado arremeter contra mí por escribir correctamente (y es que toca mucho la moral que se metan contingo cuando resulta que estás haciendo algo, simple y llanamente, como conviene).