Lo cortés no quita lo valiente, y ¡dónde va a parar de recostar la cabeza en una tripa cultivada, ilustrada y egrejia rebosante y repleta de conocimientos académicos y gastronómicos, a recostarla en una como la del maestro, que por muchos conocimientos académicos que atesore, los gastronómicos que son los que convienen en este caso, brillan por su ausencia!