¡Pues vaya birria de jabalí endemoniado si sólo se dedicaba a pedir comida!¡Qué poca imaginación!. Los jabalíes endemoniados de antaño, al igual que el de Calidón, proferían tan temibles aullidos que, aún siendo escuchados desde enormes distancias, congelaban el corazón de los más aguerridos corazones. Y sus ojos, al igual que los de la Medusa tras ser decapitada por el valeroso Perseo, aparecían inyectados en sangre y congelaban a todo aquél que osase mirarlos. Pues era tal el pavor que infundían. ... (ver texto completo)