Cuando arrancan un árbol, en este caso que yo sembré, la pena es muy grande, pues te das cuenta de que por mucho que lo intentaste proteger de los vándalos, de aquellos que no creen en tu mensaje sobre la protección de la naturaleza, han sido ellos, los vándalos y no tú quienes han podido con él arbol. Francamente es grande la tristeza, pues yo sembré ese árbol, guíe su tronco, y espere a verle crecer, con la confianza de que el árbol se hiciese grande y fuerte, pero los vándalos son su peor enemigo y ellos han arrancado mi árbol.