Un anciano tenía dos hijos. El pequeño se comío una tableta de chocolate y se limpió las manos en los pantalones de su hermano. Cuando el padre vió los pantalones manchados del hijo mayor no lo quiso escuchar y le dió una paliza tan grande que ese hijo no olvidó nunca. Al cabo del tiempo se supo la verdad y el padre tuvo que pedir perdón al hijo mayor
Pero el hijo no sabía que hacer si perdonar a su padre o devolverle aquella paliza; total ladrón que roba a ladrón tiene cien años de perdón.
Pero el hijo no sabía que hacer si perdonar a su padre o devolverle aquella paliza; total ladrón que roba a ladrón tiene cien años de perdón.