Puestos a colocar insignes figuras o iconos de nuestro
pueblo, por qué no situar a
San Sebastián en lo alto del
Molino Pechuga, para que ilumine los pasos de los romeraleños y les guie por el
camino de la razón, la cordura y la reflexión crítica. El día del
Santo todos los del pueblo se dirigirían en
romería hacia ese lugar (que se convertiría ipso facto en sagrado), y los más devotos entregarían sus dineros, gallinas u otros elementos que mande la inveterada
tradición, en tanto que los ateos, agnósticos
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