Porque (ahora ya en serio), sí, desde luego no albergo ninguna duda con respecto a lo de “Mi amistad, vuestra amistad, la de todos”: en eso sí que me declaro verdadero creyente, y no admito ningún genero de apostasía o herejía; eso sí es alcanzar un remanso de verdadera paz, una utopía al menos terrenal; eso es el mejor ejemplo de felicidad relativa, subjetiva y particular, el paradigma de la quasiperfección, para el cual, ¡qué demonios!, cuesta imaginarse un contrario necesario; eso ... (ver texto completo)