Los carruajes incluso tenían una ventaja sobre los coches modernos: el caballo sabía volver a casa. Así, mientras tú te dedicabas a pasar un buen rato en buena compañía, el animal te dejaba sano y salvo en casa. Lástima que los actuales vehículos no tengan piloto automático...
Ventaja sobre los coches
Aunque pensemos que mantener relaciones sexuales en un coche es cosa de nuestra época, la verdad es que en los carruajes de caballos ya se producían este tipo de encuentros. El motivo era el mismo: para resguardarse del frío, de miradas indiscretas y ante la posibilidad de tener un lugar mejor para disfrutar.
Sexo en carruajes
Hacer el amor en el coche no suele ser algo precisamente cómodo, aunque siempre hay alguien a quien le gusta. Al margen del posible morbo, o un arranque de pasión repentino, lo cierto es que el coche se usa como escenario amoroso cuando no hay otro lugar a mano.
Una necesidad
¿Quién no ha mantenido alguna vez relaciones sexuales en un coche? El vehículo ha sido siempre un buen sustituto cuando no se tiene un lugar donde dar rienda suelta a la pasión. Aunque normalmente se asocia con la gente joven, ya que son aquellos que tienen menos recursos, no son pocos los adultos que aprovechan su coche para algún que otro escarceo amoroso. ¿Quieres conocer cuál es la historia de esta práctica tan extendida?
A lo largo de la historia el automóvil ha solucionado los problemas amorosos de los jóvenes (y no tan jóvenes)
Hacer el amor en el coche
El filme recaudó más de 600 millones de dólares y convirtió el amateurismo X en industria multimillonaria.
Garganta Profunda, 1972. 25.000 dólares
Una ayuda del American Film Institute, donde cursaba sus estudios un joven David Lynch, fue la clave para el primer largometraje del director estadounidense, que tardó seis años en filmarse.
Cabeza Borradora, 1977. 20.000 dólares
A pesar de su escaso presupuesto, en 1993 este filme se llevó el Premio del Público en el festival de Sundance.
El Mariachi, 1992. 7.000 dólares