La Señal de mi Pueblo
De metal blanco y letras firmes, recibiendo al viajero y al hermano, ahí está, en la entrada del camino, con el nombre de mi pueblo en la mano.
Ya no hace falta mirar el mapa, ni preguntar cuánto tiempo queda, el letrero anuncia que el alma descansa al ver la iglesia, el camino, la vereda.
Cuatro letras, o tal vez siete, que resumen infancia y calor, la señal de hierro que me dice: "Ya estás en casa, ya estás donde eres mejor".
Pasarán los coches y los años, la pintura se puede desgastar, pero el nombre en la entrada de mi pueblo es la postal que nunca cambiará.
J. J. C.
De metal blanco y letras firmes, recibiendo al viajero y al hermano, ahí está, en la entrada del camino, con el nombre de mi pueblo en la mano.
Ya no hace falta mirar el mapa, ni preguntar cuánto tiempo queda, el letrero anuncia que el alma descansa al ver la iglesia, el camino, la vereda.
Cuatro letras, o tal vez siete, que resumen infancia y calor, la señal de hierro que me dice: "Ya estás en casa, ya estás donde eres mejor".
Pasarán los coches y los años, la pintura se puede desgastar, pero el nombre en la entrada de mi pueblo es la postal que nunca cambiará.
J. J. C.