Antonio les dijo entonces:
señores, nadie se agravie,
los pajarillos no marchan
hasta que yo se lo mande.
Abrieron ventanas,
puertas a la par,
por ver si las aves
se quieren marchar.
Acudió el señor obispo
con grande acompañamiento,
quedando todos confusos
al ver tan grande portento.
El padre que vio
milagro tan grande,
al señor obispo
trató de avisarle.
El hijo le contestó:
padre, no tenga cuidado,
que para que no hagan daño,
todos los tengo encerrados.
" ¿Qué tal, Antoñito?
ven acá hijo amado,
¿de los pajaritos
qué tal has cuidado?"
Al ver venir a su padre
luego les mandó callar,
y llegó su padre a la puerta
y comenzó a preguntar:
Lleno de alegría
San Antonio estaba,
y los pajarillos
alegres cantaban.
Por aquellas cercanías
ningún pájaro quedó
porque todos acudieron
cuando Antonio los llamó.
Y a los pajarillos
entrar les mandaba,
y ellos muy humildes
en el cuarto entraban.
Para que mejor yo pueda
cumplir con mi obligación,
voy a encerraros a todos
dentro de esta habitación.
Venid, pajaritos,
dejad el sembrado,
que mi padre ha dicho
que tenga cuidado.
Cuando se ausentó su padre
y a la iglesia se marchó,
Antonio quedó cuidando
y a los pájaros llamó.
Entran en el huerto,
pican el sembrado,
por eso te advierto
que tengas cuidado."
Mientras que yo estoy en Misa
gran cuidado has de tener,
mira que los pajarillos
todo lo echan a perder.