Sus últimos años no fueron muy buenos, le acusaron injustamente del suicidio de su tercera esposa y ya solo, padeció una parálisis que le dejó casi inmóvil. Sin embargo su muerte dejó un enorme hueco en la sociedad francesa
No pudo evitar entrar en política, aunque aquí no vio cumplidas sus esperanzas, ya que su rival, Luis Napoleón consiguió ser elegido Emperador, provocando la retirada de la escena pública de nuestro personaje.
Ahí alcanzó la cima de su fama, con más encargos de los que podía atender, sin embargo, sus métodos un tanto expeditivos le trajeron problemas con sus antiguos compañeros, llegando a estar de nuevo en prisión, siendo liberado rápidamente por sus numerosos contactos.
Era todo un personaje, muy audaz, mujeriego e inescrutable. Su cargo le hizo tener acceso a todos los secretos de la sociedad parisina, sin embargo, le cansa y decide renunciar y dedicarse a ser investigador privado.
Durante estos años, Vidocq luchó contra el crimen y la delincuencia, pero también intentó mejorar las condiciones de los presos, utilizando para ello todos los trucos que tenía a su alcance, entre ellos el disfraz, técnica de la que era un maestro.
Su fama como policía se extiende y le trasladan a Paris, donde consigue en 1811 ser cobrado director de la policía hasta el año 1827.