La ciudad sufrió durante casi dos meses terribles bombardeos, voladuras y asaltos e importantes epidemias, y a pesar de la postura de algunas personas,
militares, eclesiásticos y civiles, que deseaban continuar la lucha, encontrándose el general Palafox enfermo, no tenía más remedio que firmar el día 20 de febrero de 1809 la capitulación ante el
ejército francés. Firma realizada por la Junta Suprema de Gobierno. En la misma se concedía el perdón general a todos los habitantes de
Zaragoza, pero siempre
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