Este año la organización ha dispuesto un total de 29.000 plazas divididas en dos pruebas: la Popular, con inscripción abierta para todo el mundo, y la Internacional, limitada a aquellas personas que acrediten una marca inferior a 38’ en hombres y 45’ en mujeres en carreras de 10 kilómetros homologadas o en la pasada edición de la San Silvestre Vallecana.
Aunque la carrera, para muchos la mejor San Silvestre del mundo, inundará de personas la capital el próximo 31 de diciembre, ya está abierto el plazo de inscripción.
Piense un segundo en elementos típicos de la Navidad madrileña. Le saldrán muchos y muy variados. Hay van unos cuantos ejemplos: el mercado de la Plaza Mayor, Cortilandia, la noche de Fin de Año en la Puerta del Sol, la Cabalgata de los Reyes Magos o, entre otros, la San Silvestre Vallecana, que en 2009, con 32 años de experiencia en el sector, vuelve a casa por Navidad
La San Silvestre Vallecana vuelve a casa por Navidad
Nadie está exento de él. “Nada con exceso” es una máxima citada por todos y por nadie observada.
De todos los seres nadie es tan dado a abusar como la raza humana. Chicos y grandes, todos pueden ser acusados de este defecto.
Después el cielo encargó a los hombres que castigasen a aquellas bestias, y os hombres, a su vez abusaron del divino mandato.
Echáronse sobre ellas, y tal destrozo hicieron, que el cielo dio licencia a los lobos para devorar algunas reses. ¿Qué hicieron los lobos? Acabar con todas ellas, y si no acabaron, esa era su intención.
Para corregir ese defecto del trigo, permitió Dios a los carneros que cercenasen la exuberancia de las mieses pródigas.
El trigo, rico don de la rubia Ceres, si crece demasiado espeso y lozano, esquilma la tierra y no grana bien. Lo mismo pasa a los árboles.
Nadie procede con la debida moderación: en todas las cosas hay que guardar ciertamente temperamento. ¿Lo hacemos así? No: siempre pecamos por carta de más o por carta de menos.
Nada con exceso
(1) Empedocles, no pudiendo comprender las maravillas del Etna, se echó dentro del volcán, y para que la posteridad no ignorase aquel arrojo, dejó las sandalias al pie de la montaña.
Todo es distinto en el mundo: sácate de la cabeza, amigo lector, que los demás seres sean de la misma pasta que tú: el Empedocles de cera se fundió en las brazas; tan loco fue como el otro.
Uno de estos, viendo que la tierra, convertida n ladrillo por la acción del fuego, resistía las injurias del tiempo, quiso lograr aquel privilegio, y como nuevo Empedocles (1) condenado al fuego por su insensatez, lanzase al horno.