La de veces que maquillaría la careta, de todas las formas posibles que se me ocurrían.
Yo venga a poner y quitar pinturas a la pobre máscara.
El juego de maquillaje venía con una careta de plástico de color blanco, una palancana, sombras de ojos, coloretes y pintalabios, una esponja para limpiarla. Siempre completabamos los maquillajes con los que nos daban las madres.
Buenas tardes IR cada día nos saluda más gente.
la Señorita Pepis era símbolo de distinción. Todas las niñas teníamos su maletín de enfermera o su estuche de maquillaje.
Era la ilusión de muchas jovencitas, motivadas, en algunas ocasiones, por las series de televisión que triunfaban en esos momentos, como “Centro médico” y como no por el maletín de enfermera de la sta. Pepis.
En la década de los años 70, la mayoría de niñas quería ser de mayores enfermeras.
El termómetro, la bandeja para dejar los utensilios, el aparato para tomar la tensión, el teléfono para coger las citas. Este era el último vestigio que me quedaba de mi maletín de enfermera, hasta hace poco que una personilla dio buena cuenta de el.
Algunas de estas piezas eran reproducciones exactas, de las que se podían encontrar en hospitales o farmacias, como el tubo de Calmante Vitaminado, el paquete de algodón o las cajas de esparadrapo de la marca Sanex.
Este maletín llevaba más de 30 piezas, para que las niñas se convirtieran en auténticas enfermeras..
Pelucas, collares, maquillaje, disfraces, costura y el “Maletín de Enfermera” de la Srta. Pepis.