Había una vez una vez un hombre de noble cuna, que después de atravesar el desierto llego a un poblado lleno de
árboles y
huertos y lo primero que encontró fue un
pozo, sediento como estaba se acerco para saciar su sed, pero el
agua estaba tan profunda, que era inaccesible y nada de su alrededor podía facilitarle el alcanzar el agua, por ello decidió sentarse junto al pozo a esperar que pasara alguna cosa y confiando en Dios.