Cada vez que veo esta foto no puedo evitar un cierto sentimiento de culpa. Recuerdo que cuando era un niño, siete u ocho años, junto a mis compañeros de escuela, fuimos utilizados por el cura y el maestro de la época a lijar con trozos de cristal la pintura de las paredes para su posterior dado de yeso. Los tonos eran los que se observan en el altar y aunque no estaban en perfecto estado seguro que con el mismo esfuerzo económico que se hizo se podrian haber salvado. En fin en mi defensa diré que participé en aquel atropello por simple "obediencia debida" (en Chile y en Argentina muchos han salido indenmes aduciendo esto por asuntos mas graves),alguna vez lo he comentado con algunos "compañeros de faena" y casi todos coincidimos en esa especie de mala conciencia. Por fortuna los tiempos han cambiado y hoy sería impensable semejante tropelia, entre otras cosas porque hace años que no hay niños, ni maestro, y el cura es un tipo joven y me consta que muy caval acorde con los tiempos en lo relativo a conservacion de patrimonios.