Dionisio, que había escuchado la leyenda pero nunca había creído en ella, comenzó a pensar que seguramente había un tesoro escondido en su propiedad. Ellos eran humildes y un hallazgo de esa
naturaleza podría dar lugar a una oportunidad de progreso para toda la
familia. La
casa había quedado sin terminar por falta de recursos La cosecha de algodón no había sido buena y apenas les alcanzaba el dinero para pagar la
comida. Su mujer, Azucena lloraba y sus hijos querían mudarse