El humo es la parte que te corresponde; no te debo otra cosa.” Júpiter hizo como que reía; pero, pocos días después, tomó la revancha, enviándole un sueño para revelarle que en cierto lugar había un tesoro escondido.
“Señor Dios, le dijo, acepta mi promesa; perfume de buey sacrificado respira tu sacra majestad.
El caso era que no tenía un solo buey, y lo mismo le hubiera costado prometer cien elefantes. Cuando estuvo en la playa, quemó algunos huesos, y el humo subió a las narices de Júpiter.
Sorprendido por la tormenta, ofreció un navegante cien bueyes al vencedor de los titanes.
Pero, pasado el apuro, nadie vuelve a pensar en lo ofrecido al cielo; sólo nos fijamos en lo que debemos a la tierra. “Júpiter, dice el impío, es un acreedor tolerante; jamás nos envía el alguacil” ¿Qué más alguacil que el trueno? ¿Qué nombre dais a esas advertencias?
¡Cuánto enriquecerían a los Dioses los peligros si nos acordásemos de las promesas que en ellos hicimos!
Júpiter y el pasajero
Mejor es tener una sola salida; pero buena.
Piérdase a veces un negocio por sobra de expedientes y recursos; se malgasta el tiempo buscando cuál es el mejor, probando esto, lo otro, y lo de más allá.
Y así diciendo se encaramo bonitamente al árbol más cercano. La zorra dio mil vueltas y revueltas, todas inútiles; metiese en cien rincones, escapó cien veces a los valientes canes, probó todos los asilos imaginables, y en ninguna madriguera encontró refugio; el humo la hizo salir de todas ellas, y dos ágiles perros la estrangularon por fin.
“Busca en tu saco, busca en tus astutas mientes una salida segura; yo ya la tengo”
Y vuelta a la disputa. Que sí, que no, estaban dale que dale, cuando una jauría dio fin a su contienda. Dijo el gato a la zorra:
“Pretendes ser muy sagaz, y no sabes tanto como yo. Tengo un saco lleno de estratagemas y ardides.
-Pues yo no llevo en mis alforjas más que una; pero vale por mil”
Debatieron largo tiempo, y después hablaron del prójimo. Por fin dijo la zorra al gato.
El camino era largo y aburrido: disputaron sobre el modo de acortarlo. Disputar es un gran recurso; sin él nos dormiríamos siempre.