María Gómez, la propietaria de la casa, murió en el año 2004, y tras su muerte, surgieron nuevas caras.
Para demostrar que la manipulación humana jamás existió en este fenómeno, se precintó la cocina de la casa bajo orden notarial, y cuál fue la sorpresa de dicho notario cuando comprobó que nuevas caras habían surgido tras el precinto.
Ante los extraños fenómenos que no paraban de manifestarse, algunos sectores de la población, como el eclesiástico, intentaron demostrar el fraude de las caras.
Voces como “es que yo sigo enterrada” ó “Germán pica patio, levanta cemento” fueron registradas en los magnetofones.
Fueron muchos los periodistas y parapsicólogos que se interesaron por el tema, entre ellos el prestigioso parapsicólogo Germán de Argumosa, el cual acompañado de un equipo, registró una serie de psicofonías escalofriantes.
Y es que, parecer ser que, en tiempos pasados allí existió un cementerio.
Para ello se excavó el suelo de la casa y cuál fue la “terrible sorpresa” cuando aparecieron restos de huesos de personas allí enterradas.
Una vez que el fenómeno vió la luz, se intentó buscar una causa que lo justificara.
Tras el fallido intento de destrucción de dicha cara, ésta volvió a aparecer diecisiete días después ante el asombro del matrimonio.
Todo comenzó en el año 1971, cuando en el interior de la humilde casa de la familia Pereira, apareció un extraño rostro en el suelo de la cocina ante la atónita mirada del matrimonio que no daba crédito a lo que allí estaba sucediendo.
Situado en un enclave privilegiado, en el Parque Natural de Sierra Mágina, en la provincia de Jaén, se encuentra Bélmez de la Moraleda, un pueblo precioso del que tenemos que destacar su Castillo, de origen medieval, que fue declarado Monumento Histórico en 1985, y sobre todo las famosas “Caras de Bélmez”, un fenómeno paranormal, que ha dado a conocer el pueblo a nivel nacional e incluso internacional.
Las Caras de Bélmez
Por si acaso, si ves esa piedra, no vayas más allá no sea que…
Y es que en este lugar se han producido misteriosas desapariciones que a día de hoy no se les ha encontrado explicación. Ni que decir tiene que el número seis ya nos sugiere algo diabólico.
A pocos metros del pueblo hay un caserío junto al cual, se comenta, hay una piedra de gran tamaño que todo aquél que la sobrepasa va a parar a la Villa del Seis, un siniestro lugar que está en otra dimensión.