La pata desplumada,
cua, cua, cua,
como es patosa,
cua, cua, cua,
ha metido la pata,
cua, cua, cua,
en una poza
La pata mete la pata
Fueron muy felices y reinaron con sabiduría y justicia, hasta el final de sus días.
Se besaron dulcemente y anunciaron el compromiso. Juntos repartieron todos lor regalos del Príncipe y todo el reino lo agradeció.
- Ella se arrodilló junto a él y por primera vez se miraron a la cara y descubrieron lo bellos que eran y lo mucho que se amaban.
- No me importa como seas por fuera, porque por dentro he visto que quiero que seas la madre de mis hijos y la reina de mi castillo y mi corazón. ¿Te quieres casar conmigo?.
El Príncipe solo escuchando la voz dulce de la muchacha y su grandiosa generosidad, se dió media vuelta, se arrodilló y sin mirarle el rostro dijo:
- Lo siento Príncipe, pero por el camino me encontré con tanta gente que lo necesitaba más que usted, que lo repartí todo.
Con voz temblorosa la muchcha pudo decir:
- Me puedes explicar porque te has querido burlar de mi no regalándome nada. Dijo el Príncipe dándole la espalda a la muchacha.
Pocos minutos después el mayordomo se presentó anunciando a la muchacha que no le había hecho ningún regalo y por supuesto el Príncipe le preguntó:
Hizo llamar a su mayordomo y le pidió que localizara a la muchacha que se estaba burlando de él y que su regalo había sido nada.
Pero el Príncipe se fijó en un regalo que era una simple caja, a decir verdad era una caja muy bonita de madera, pero lo que más le llamó la atención al Príncipe fue que la caja estaba abierta y dentro no había nada, estaba completamente vacía y por supuesto el Príncipe no entendió nada.
Los regalos eran espectaculares, joyas, cofres repletos de oro y diamantes, caballos traidos de Arabía, Toneles del mejor vino español y otros muchos y de los más variados de todo el continente.
Todas las muchachas del reino, de algunas ciudades del alrededor e incluso de algunos paises extranjeros, se dieron cita el gran día del cumpleaños del Príncipe.