Buenos dias ALBARES y todos los foreros, un saludo pasar buen viernes.
y ¡que la suerte nos acompañe!
El tiempo.
INTERVALOS NUBOSOS. BRUMAS Y POSIBILIDAD DE BANCOS DE NIEBLA
DISPERSOS DE MADRUGADA EN ZONAS DE LA MANCHA. TEMPERATURAS
MAXIMAS EN LIGERO DESCENSO. VIENTOS DE COMPONENTE OESTE,
FLOJOS.
No, como no están mis padres ni mi hermana no me apetece.
Pues es una pena. Para ponernos al día de las novedades.
¿No vienes a comer tarta, este fin de semana?
No, como no están mis padres ni mi hermana no me apetece.
Hola y adiós Ana, te lo dejo todo para tí. Me voy a la piscina con M.
Tras ellos llegó la paloma blanca, que había entregado el mensaje. Caperucita le tendió las manos y el animalito, suavemente, se dejó caer en ellas, con sus últimas fuerzas. Luego, sintiendo en el corazón el calor de la mejilla de la niña, abandonó este mundo para siempre.
De pronto, un grito de esperanza resonó por todas partes: un escuadrón de cosacos envueltos en sus pellizas de pieles llegaba a la aldea, poniendo en fuga a los atacantes.
Pasaron dos días. La niña, angustiada, se preguntaba si la palomita habría
sucumbido bajo el intenso frío. Pero, además, la situación de todos los vecinos de la aldea no podía ser más grave:
sus enemigos habían logrado entrar y se hallaban dedicados a robar todas las provisiones.
Entonces Caperucita le habló a la paloma blanca, una de sus protegidas. El avecilla, con sus ojitos fijos en la niña, parecía comprenderla. Caperucita Roja ató un mensaje en una de sus patas, le indicó una dirección desde la ventana y lanzó hacia lo alto a la paloma blanca.
Pero es imposible atravesar las montañasnevadas; pereceríamos en el camino -respondieron algunos.
Un día los habitantes de un pueblo cercano, que también padecían escasez, cercaron la aldea de Caperucita con la intención de robar sus ganados y su trigo.
-Son más que nosotros -dijeron los hombres-. Tendríamos que solicitar el envío de tropas que nos defiendan.
Caperucita Roja, apiadada de los pequeños seres atrevidos y hambrientos, ponia granos en su ventana y miguitas de pan, para que ellos pudieran alimentarse. Al fin, perdiendo el temor, iban a posarse en los hombros de su protectora y compartían el cálido refugio de su casita.