La psicóloga Susan Blackmore, quien recorrió las orillas del
lago, lo percibió a primera vista como amenazante, con
aguas tan negras capaces de infundir temor. Para ella está claro que la gente maneja la posibilidad y la esperanza de poder ver algo en la superficie, por lo que cualquier movimiento de olas es achacado a la presencia del monstruo.