ni por esos falsos heraldos de la primavera que sólo son, en realidad, afirmaciones de invierno sobre la faz del campo:
Por enero, florece el romero.
ni por las valentías de la Naturaleza que nos refieren cómo,
Tiritando, en el mes de enero, tiritando nació el cordero;
No nos dejemos engañar por las fugaces caricias del sol, porque
Sol de enero, siempre anda detrás del otero;
Y cuando sea indispensable afrontar los rigores del ambiente que hicieron llamar justicia de enero a la carente de calor humano, conviene dar cumplimiento a la exhortación meticulosa:
En mañanas de enero, no se dan los buenos días ni se quitan los sombreros.
y es indispensable huir en
Enero, buen mes para el carbonero,
de toda ocasión o lugar donde nos aceche una pulmonía.
En enero, poco en el sendero: un día y no cada día;
Además del abrigo, hay que buscar el amparo el calor natural o artificial:
En enero, de día al sol y de tarde al brasero.
En enero, un rato al sol y otro al humero.
Enero, mes de zamarra, buena lumbre amarra.
Enero, leña vieja, rancio vino, fresco tocino y nueva pelleja;
Pero no le van en zaga los otros santos que celebran en el mes inaugural del año sus festividades; y por eso, son indispensables las precauciones contra el frío en los restantes días:
Enero, frío o templado, pásalo arropado.
En enero, bufanda, capa y sombrero.
Por enero, vale más una capa que un sombrero.
Por San Antón, cada uno en su rincón.
San Antón, viejo y tristón, mete a los viejos en un rincón.
Luce sus mejores marcas, según el refranero, en destacadas fechas del Santoral:
Por San Vicente, helada o corriente.
De los Santos frioleros, San Sebastián el primero; detente varón,
que el primero es San Antón.
Este último, sobre todo, tiene fama imperecedera de cruel.
agudiza el hambre en los animales feroces y estimula su acometividad, hasta el punto de presentarse
En el mes de enero, lobos siete a siete en el carrero.