Cristóbal Colón, (¿Génova?, 1451-Valladolid, 1506) navegante al servicio de la corona de Castilla, emprendió, el 3 de agosto de 1492, un viaje con el pleno convencimiento de que llegaría a Cipango o Catay (China) navegando hacia occidente.
Descubrimiento de América, Serendipity, El gas hilarante y El oxígeno
Descubrimientos Accidentales
El permiso le fue concedido por los dueños de la torre con la condición de que pidiera permiso a la policía y de que firmara un documento que les absolviera de toda responsabilidad. Así, el 23 de febrero de 1912, el sastre, acompañado de curiosos, periodistas y fotógrafos realizó el último acto de su vida, subió al primer nivel de la torre desde donde se lanzó. Según parece confiaba en salir volando y salvar así su vida.
Madre mía de que formas más tontas se puede morir.
El permiso le fue concedido por los dueños de la torre con la condición de que pidiera permiso a la policía y de que firmara un documento que les absolviera de toda responsabilidad. Así, el 23 de febrero de 1912, el sastre, acompañado de curiosos, periodistas y fotógrafos realizó el último acto de su vida, subió al primer nivel de la torre desde donde se lanzó. Según parece confiaba en salir volando y salvar así su vida.
Según las crónicas de principios del siglo XX, Reichelt era un sastre austriaco afincado en París, quien aseguraba haber creado una capa que le permitiría volar como un murciélago. Para probar dicha capa pidió permiso para lanzarse desde la torre Eiffel.
Debido al estado de la mar no pudo acercarse a la costa, por lo que decidió desembarcar en la villa de Estabia, donde se alojó en casa de su amigo Pompeyano; y donde además se vio retenido por la llegada de la lava del Vesubio. Tras conseguir escapar de la villa con sus moradores se dirigieron hacía la playa, donde murió asfixiado por los vapores sulfurosos emanados de la lava del volcán.
El escritor y naturalista latino Plinio el Viejo (Como, 23-Stabias, 79) se encontraba en las proximidades de Pompeya, al mando de una escuadra romana, cuando en el año 79 se produjo la erupción del Vesubio. Según parece Plinio tras observar el desastre desde su barco dirigió la flota hacía la costa para salvar a los supervivientes.
Pues bien, si hacemos caso a las crónicas, Leech murió en Nueva Zelanda, como consecuencia de las complicaciones surgidas tras pisar una piel de plátano y caerse. Eso que había sobrevivido a las cataratas del Niágara.
Según parece un tal Robert Leech sobrevivió, en 1911, a un paseo en barril por las cataratas del Niágara, cuyo desnivel es de 47 metros. Tras semejante aventura, en la que se rompió casi todos los huesos del cuerpo, Leech inició una gira de conferencias por todo el mundo en la que contaba su experiencia.
El político alemán Joseph Paul Goebbels (Rheydt, 1897-Berlín, 1945) fue en los comienzos de su carrera un reputado periodista. Tras afiliarse al partido nacionalsocialista, se convirtió en 1928 en jefe de propaganda del partido nazi. Estuvo al frente del Ministerio de Propaganda e Información entre 1933 y 1945, consiguiendo una gran aceptación del nazismo en Alemania a través de la prensa, la radio, el cine y una gran oratoria que desplegaba en concentraciones masivas. Hitler le nombró sucesor en ... (ver texto completo)
Según recogen las crónicas, para interpretar su papel, Bannister tenía que vestirse de forma extraña, lo que provocaba la risa de todo el auditorio. Al parecer semejante escena provocó en Lady Fitzherbert una risa incontrolable que, desembocó finalmente en una histeria, lo que la obligo a abandonar el teatro. Dos días después fallecía en su domicilio como consecuencia de los estertores que le provocaban la risa histérica
Otra muerte curiosa fue la de Lady Fitzherbert, quien murió a finales del siglo XVIII, dos días después de tener que abandonar el teatro Drury Lane, donde había acudido en compañía de unos amigos a disfrutar con la representación de La ópera del mendigo, del escritor británico John Gay, interpretada por el famoso actor Bannister.
. Al parecer tras conocer el inmenso triunfo de una de sus obras sintió tal alegría que, su corazón no pudo resistirlo, muriendo de forma repentina y sin que nada se pudiera hacer por salvarle la vida.
Según parece, durante la segunda mitad del siglo IV antes de Cristo vivió en Atenas un famoso poeta cómico de nombre Filipides. Pues bien, según cierta leyenda no confirmada del todo, éste poeta murió de una forma un tanto curiosa.