La regente era una mujer de moral muy rí­gida y fiel cumplidora del protocolo.
Doña María Cristina de Hasburgo, Doña Virtudes.
De acuerdo a las reglas de protocolo que se siguen en todo el mundo, los miembros de las familias reales son siempre los últimos en ocupar sus asientos, en este caso del rey Harald V de Noruega y su esposa Sonia.
Hay que tener una muy buena explicación para llegar después de Sus Altezas Reales", comentó Carl Erik Grimstad, portavoz de la Casa Real.
La actriz Sharon Stone llamó la atención por romper el protocolo en Oslo al ser la última en llegar a la cena de gala que se ofreció ayer para el Premio Nobel de la Paz 2.006, Mohammed Yunus.
La actriz llegó diez minutos más tarde que los invitados reales al salón de fiestas del Grand Hotel de Oslo, con la consiguiente sorpresa para el resto de los invitados.
Sharon Stone rompe las reglas de protocolo.
Tal fue el caso el día que fue invitado Rossini. Al terminar la cena y llegar la hora de las despedidas, la señora de la casa expresó a Rossini el deseo de volver a cenar con ella lo más pronto posible, a lo que Rossini, con gran ironía, respondió: "Por mi señora, ahora mismo, sino le importa".
En una ocasión, Rossini, fue invitado a casa de una distinguida señora, la cual era conocida en toda la ciudad por su tacañería. Servía raciones mínimas a todos los invitados, los cuales la mayoría de las veces se quedaban con hambre.
Cuando se actúa de anfitrión, hay que ser generosos ofreciendo alimentos y bebidas en cantidades suficientes para que los invitados queden satisfechos.
Loa anfitriones que ponen poco de comer.
Anfitriones tacaños.
Al llegar a Don Sabino Fernández Campo, le comentó si Su Majestad el Rey había dicho algo al respecto. Don Sabino le contestó: "A Su Majestad el Rey le ha gustado mucho pero lamenta que no hubiese leído ese párrafo tan hermoso una tercera vez".
Ligeramente abochornado, por lo ocurrido delante de tanta gente, y con mucha cautela, trató de ir averiguando las impresiones de los presentes ante tal error o equivocación.
Pero un error se debió deslizar en esta colocación dando lugar a que el presidente del centro cultural leyera de nuevo una parte del discurso, por segunda vez. El mal rato que pasó, seguramente no se le puede desea a nadie, pero siguió adelante con su discurso.