Gabourey Sidibe
La ganadora al Oscar a la mejor actriz,
Sandra Bullock
La gran ganadora de la noche, en el momento de recibir el Oscar, junto a la veterana actriz y cantante Barbra Streisand. La directora se convierte en la primera mujer en ganar el máximo galardón en la historia de los Premios de la Academia. La primera en 82 años.
Kathryn Bigelow
Noche de mujeres en los Oscar
La mujer ha alcanzado casi la igualdad plena en las sociedades del mundo desarrollado, aunque todavía queda mucho por conseguir. Sin embargo otros países continúan situando a la mujer en estratos muy inferiores. Por ejemplo, países como Arabia Saudí prohíben a sus mujeres participar mediante el voto, y en Líbano o los Emiratos Árabes Unidos pueden votar pero con muchas restricciones.
Actualidad
Todo sigue igual hasta finales del siglo XIX, cuando comienzan a surgir los primeros movimientos feministas con fuerza y poder de convocatoria. Ya durante la Revolución Francesa se habían congregado algunos sectores para exigir el sufragio femenino, pero éste no se consigue hasta 1893, cuando Nueva Zelanda se convierte en el primer país en permitir que las mujeres puedan votar sin ningún tipo de restricciones.
El despertar de la mujer
También religiones actuales como el cristianismo o el islamismo presentan a la mujer como un ser dependiente del hombre. La Ley mosaica, tradición de la religión judeocristiana, la opinión de la mujer podía ser rechazada por su padre o marido, no podía divorciarse y las hijas, por ejemplo, sólo podían heredar en ausencia de hijos varones.
La religión siempre ha mantenido a la mujer relegada a un segundo plano, siempre dependiente del hombre. Así ocurría en la religión romana, que apostaba poco o nada por la emancipación de la mujer y de la que sólo destacaba su capacidad reproductiva.
La mujer y la religión
La mujer era considerada de segunda categoría, muy inferior al hombre, y su único papel era el de permanecer en el hogar, cuidando a los hijos y esperando a que volviera el esposo.
Tampoco tenían derecho a participar en la vida política, pública o social, y mucho menos a expresar sus ideas y opiniones. Tampoco a formarse.