ni por esos falsos heraldos de la primavera que sólo son, en realidad, afirmaciones de invierno sobre la faz del campo:
Por enero, florece el romero.
ni por las valentías de la Naturaleza que nos refieren cómo,
Tiritando, en el mes de enero, tiritando nació el cordero;
No nos dejemos engañar por las fugaces caricias del sol, porque
Sol de enero, siempre anda detrás del otero;
Y cuando sea indispensable afrontar los rigores del ambiente que hicieron llamar justicia de enero a la carente de calor humano, conviene dar cumplimiento a la exhortación meticulosa:
En mañanas de enero, no se dan los buenos días ni se quitan los sombreros.
y es indispensable huir en
Enero, buen mes para el carbonero,
de toda ocasión o lugar donde nos aceche una pulmonía.
En enero, poco en el sendero: un día y no cada día;